viernes, 7 de marzo de 2014

La infidelidad de Antonio Alcántara y la indignación patria

Ni la crisis de Ucrania, ni los líos del PP en el País Vasco ni los del PSOE en Navarra. Lo que de verdad ha enardecido a los españoles estos días ha sido le 'infidelidad' de Antonio Alcántara (Imanol Arias) a Merche (Ana Duato). Quince temporadas en antena, en la que hemos visto crecer al 'narrador' Carlitos, hemos suspirado con los primeros amores de Inés, nos hemos emocionado con la 'abuela de España' que es Herminia, siempre dispuesta a poner el sentido común de la edad en cada uno de los avatares de esa familia que ha pasado a ser como parte de la nuestra. Hemos recorrido nuestra historia reciente de la mano de la familia Alcántara, que se ha arruinado, ha triunfado, ha llorado y ha reído en este tiempo varias veces. Antonio y Merche eran la pareja perfecta, ese matrimonio al que uno ve como ejemplo de superación de todas las dificultades...

Y ahora, Antonio va y se lía con Paz (Ariadna Gil, ¡vaya papelón le ha tocado interpretar!), y engaña a Merche. Las redes sociales están que trinan, los comentaristas televisivos han vertido ríos de tinta (o bytes) con la infidelidad más sonada de la televisión. Porque nadie se esperaba que Antonio -¡nuestro Antonio!- fuera a engañar a Merche. Ha caído un mito, el héroe de todos los españoles, el que si se hubiera presentado a unas elecciones hubiera sido elegido por aclamación: ¡Antonio Alcántara! ¿Cuántas mujeres no le han dicho a su marido 'a ver si se te pega algo de Antonio'? Trabajador, sacrificado, siempre pendiente de Merche, a la que trataba con ese 'paternalismo' propio de la época pero que resulta en ocasiones tan halagador. Pues Antonio le ha sido infiel a Merche.

Lo que sorprende es que en una sociedad que ha hecho del 'amor-de-quita-y-pon' una norma y hasta un ideal (hay quien dice de un tipo que va por la enésima
conquista que es 'un experto en el amor', 'un hombre enamorado'), la indignación por una infidelidad haya calado tanto. Antonio siempre podrá decir eso de que 'se nos acabó el amor' o aquello de 'nuestro matrimonio estaba ya roto antes de conocer a Paz'. Son las frases al uso en los diversos 'programas de la víscera' donde todo tipo de infidelidades son 'perdonadas' por el 'padre José Javier' y demás 'concilio' de marujas que le secundan. Pero resulta que no parece que el ser un 'picaflor'que deja su 'poliamor' de un lu
gar a otro sea tan aceptado por la sociedad española. Resulta que la fidelidad es un valor a destacar, que a los españoles (y españolas, que diría un cursi progre) les parece que ser infiel no es algo deseable, que no es posible que alguien a quien se tiene por íntegro haya sido capaz de traicionar la confianza de su esposa (y de paso de millones de españoles que le tenían por padre y marido ejemplar) de esta manera... ¿Y si resulta que la ingeniería social de años de socialismo de 'derechas y de izquierdas' no ha conseguido cambiar los valores sobre los que se asienta la sociedad española? ¿Y si va a resultar que lo que todos queremos (aunque nos falte dar el paso de poner 'esfuerzo' -esa palabra tan fea y tan en desuso en la educación) es ser fieles, honestos, honrados, con sentido del honor? Lo mismo España no está perdida y, sin querer, Antonio Alcántara y Merche nos van a despertar del letargo...

viernes, 20 de diciembre de 2013

Feliz Navidad a todos!!


"La Navidad es el encuentro de Dios con su pueblo. Dios camina con nosotros, nos lleva de la mano como un padre hace con su hijo." (Papa Francisco)

jueves, 14 de noviembre de 2013

El vídeo más emotivo...

Y si no lloras después, háztelo mirar.


Cásate... y se sumisa, da la vida por ella. Vamos... ama!!!

¡Llegó el escándalo! ¡Otra vez la Iglesia con su visión machista y retrógrada de la mujer en la vida social! Si uno se asoma a la prensa y redes sociales estos últimos días, nos encontramos con la escandalera de que el Arzobispado de Granada ha osado publicar en España el libro de la periodista italiana Constanza Miriano ‘Cásate y sé sumisa’, una guía para esposas que ha tenido gran éxito en Italia. La autora ha publicado también otro libro, este dirigido a los varones con el título ‘Cásate y da la vida por ella’. Con sólo el título –ninguno de nuestros próceres es capaz de leer nada más allá de los 140 caracteres de un twit- se ha despertado a todos los progres que en España habitan y han exigido la retirada del libro por ser ‘sexista’ (sic). El Arzobispado, lejos de amilanarse y dado que el éxito de ventas está garantizado, ya ha anunciado que editará el otro libro, ‘Cásate y da la vida por ella’.
Independientemente de que la mejor forma de vender un libro (o un perfume o un coche) sea provocar un poco con un slogan o título llamativo (ahí tenemos las campañas de ‘Desigual’ por ejemplo), lo que tiene poco pase es criticar un libro sin pasar del título. Algunos, quizá por defecto profesional, tendemos a leer de casi todo y a ver películas o programas de televisión antes de criticarlos. Y si no nos es posible (el tiempo es escaso), al menos acudimos a quien sí lo ha hecho y nos merece confianza para forjarnos una opinión. Lo contrario sería un poco temerario. Y en el caso de este libro, estamos en las mismas: antes de que el libro está en las librerías, antes de que se haya leído, ya tenemos a los periodistas ‘opinadores’ de todo criticándolo. La propia Miriano ha recibido llamadas de periodistas españoles para pedirle explicaciones y le han reconocido… ¡que no se habían leído el libro!
Y ahora vamos al meollo del asunto: la concepción del matrimonio que se destila en ese libro y que tiene muy poco que ver con la visión del mismo que nos venden las diversas series y películas y ya no hablemos de las novelas románticas que se han ido convirtiendo en best-seller. El arranque del título tiene que ver con la Carta del apóstol San Pablo a los Efesios en su capítulo 5. ¿Y qué dice San Pablo? Pues vamos a ir viendo, a ver si Constanza Miriano tiene o no razón en su interpretación:

Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma. (vv. 1-2)

Así comienza San Pablo. Parte de una concepción del amor basada en la entrega. Pero no una entrega cualquiera, sino como la de Cristo: dando la vida en sacrificio, muriendo en la cruz cada día. Sigue aquí las enseñanzas del propio Cristo (el que me ame, que cargue con su Cruz de cada día y me siga). Por tanto, no habla de sentimientos, de apetencias.
Pero después de dar indicaciones sobre cómo vivir entre los gentiles sin apartarse del mundo, da una clave para entender las relaciones entre los propios cristianos (y nos hombres en general):
Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo. (v. 21)
Estos tres versículos que he citado son la clave para entender lo que dirá después para referirse al matrimonio cristiano. ‘Imitar a Cristo en su amor’ y ‘ser sumisos unos a los otros’. Pero no es una sumisión basada en el poder, sino en el amor. Y San Pablo lo explica al hablar de las relaciones entre el marido y la mujer (que pone como imagen del amor de Cristo a su Iglesia):

Las mujeres a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo. Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada. Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia, pues somos miembros de su Cuerpo. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. (vv. 22-31)

Se está hablando de someterse por el amor. Se está hablando de renunciar y dar la vida… por amor. Un amor que es entrega de uno a la otra y de la otra al uno. El amor cristiano es siempre sacrificio, es siempre entrega y renuncia. Es imagen del amor de Dios por el hombre: un Dios que, teniéndolo todo y no teniendo necesidad de nada, crea por amor todas las cosas de la nada; un Dios que, después de que el hombre le desobedezca, se hace uno de nosotros –tomando la condición de siervo, dice San Pablo- y entrega su vida en la cruz (la pena guardada para los malhechores enemigos del Imperio Romano). Un Dios que nos quiere así es la imagen del amor que el hombre tiene que tener hacia los demás (amaos los unos a los otros como yo os he amado). Y en ese ‘los demás’, el primer lugar lo ocupa para un esposo su mujer y para una esposa su marido. Si tenemos en cuenta esa hermenéutica, la sumisión a la que hace referencia Miriano no tiene nada que ver con relaciones de poder o estructuras de arriba/abajo. Y tiene mucho más que ver con servir, con amar sin condiciones y con entregarse. Y esa entrega y forma de amar que cualquiera puede entender en un matrimonio (hoy tan maltratado con divorcios, adulterios y uniones que no tienen nada que ver con él) es a la que San Pablo refiere el misterio de la Iglesia:

Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia. En todo caso, en cuanto a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer, que respete al marido. (vv. 32-33)

Hoy muchas parejas van al matrimonio en una especie de guerra de sexos donde uno debe someter al otro, donde el poder está en mandar. Y esa no es la concepción que la Iglesia enseña. Dice el Papa Francisco que ‘el verdadero poder es el servicio’. Eso es revolucionario. Llevo años dando (y asistiendo) a cursos para matrimonios, y esa es una de las primeras cosas que hay que cambiar en las mentalidades de los participantes: hay que olvidarse de uno mismo y entregarse, sólo así se puede ser feliz, aunque sea paradójico. No se trata de dominar, sino de darse, de olvidarse de uno mismo para ir al encuentro del otro. Y eso es cosa del hombre y de la mujer, es cosa de los dos. Quizá en una mentalidad más antigua de las relaciones conyugales, el hombre dominaba y la mujer era sumisa en sentido peyorativo. Hoy nadie defiende en la Iglesia esa concepción (bueno, vale, alguno habrá, pero es que tiene que haber de todo). El hombre y la mujer son iguales en dignidad, aunque son muy diferentes en sus cuerpos y en sus psicologías. Como bien ha señalado Miriano en un artículo a raíz de la controversia: ‘el problema de la mujer es el deseo de control, el del hombre el egoísmo, y que ser sumisas significa dejar de controlar y permitir a los demás que sean, sin querer formatearles’, y añade que ‘el hombre y la mujer son dos pobrezas que se unen, y que no sirve gritar por los propios derechos, sino solo acogerse recíprocamente’. ¿Hay algo más bonito que acoger a la persona a la que se ama tal cual es? Quererle con sus defectos, quererle cuando se vaya envejeciendo o engordando o cuando el Alzehimer haga que ni siquiera recordemos a quien así nos acoge. Eso es amor, eso es someterse al amor (que para un cristiano siempre es el Amor) y eso es ‘dar al vida’. Pobre concepto del amor y del matrimonio tiene quien no entiende esta forma de amar. ‘El amor no es un sentimiento, es una decisión. Nos adherimos libremente, con toda nuestra voluntad, a elegir a una persona de por vida’, dice Constanza Miriano en una entrevista. Hablar a la sociedad actual de entrega, de sacrificio, de someterse a otro porque-me-da-la-gana y además hacerlo de por vida… quizá sea ir claramente contracorriente. Aunque imagino que a San Pablo no le cortaron la cabeza por ser políticamente correcto precisamente. O sea, que paciencia.

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viernes, 13 de septiembre de 2013

Salvemos al soldado Mas... o mejor no

Ya pasó la Diada. Un año más, el victimismo catalanista (que no catalán) se nos ha presentado en todo su esplendor. Como es bien sabido, según la mitología nacionalista, el pueblo catalán fue libre durante siglos hasta que la llegada de los Borbones en 1714 hizo subyugar a los catalanes que perdieron así su destino eterno dentro de la opresora España. Porque Cataluña habría sido una especie de Venecia independiente, próspera y feliz, que dominaba el Mediterráneo mediante un comercio boyante. Y fue la ira y el haber apoyado al pretendiente de la Casa de los Austria lo que motivó que el 'malvado' Borbón acabase con esta Cataluña.
Pues no, todo eso es falso. Cataluña nunca fue independiente y la única vez que se 'fueron' con los franceses para formar la 'Marca Hispánica', volvieron al poco tiempo porque los franceses eran mucho peores que los 'malvados españoles'. Tampoco es cierto lo de 'Madrit ens roba', porque durante años y años se 'premió' con inversiones a Cataluña por ser zonas más industrializadas (como el País Vasco, por ejemplo) y aún hoy esto es así gracias al peso desmesurado que una ley electoral hecha con los pies le otorga en el Parlamento Nacional.
La situación hoy de Cataluña -y que quizá explica lo que sucede- es que tiene una deuda desmesurada, tiene problemas para pagar las nóminas de su elefantiásica administración regional y mendiga créditos y préstamos (vamos, más bien los exige) mientras que no puede hacer referencia a la herencia recibida por dos causas: una, que todo lo que se ha gastado ha sido para el proyecto común de 'construir la independencia de Cataluña' y dos, que el que más ha dilapidado ha sido su socio ERC. O sea, que a callar le toca a Artur Mas. Porque el objetivo de la independencia siempre ha estado ahí, siempre ha sido un objetivo de Convergencia desde los tiempos de Pujol. Otra cosa es que don Jordi era mucho más inteligente que su 'delfín' y marcó unos tiempos mucho más lentos aunque inexorables. Hoy el riesgo que tiene Mas es que ERC le coma el voto nacionalista y le relegue a ser tercera fuerza política por detrás de la propia ERC y del PSC. Y ahí es donde aparece Mariano Rajoy y su PP con la sucursal en Barcelona dirigida por esa 'demóstenes de la política' que es Alicia Sánchez Camacho.
Porque el PP ha renunciado (desde hace tiempo, desde que Aznar depuró a Alejo Vidal Quadras) a ser alternativa al nacionalismo en Cataluña. Se limita a 'moderar' al nacionalismo catalán de Convergencia, pero por lo visto con poco éxito. Y como no quiere presidir la Generalitat, y considera que ERC sería mucho peor (ya se sabe eso de 'más vale malo conocido...'), pues el objetivo de Rajoy es 'salvar al soldado Mas'. Y en eso están, y por eso ya se filtra que están hablando sobre dineros y transferencias para aplacar al 'tigre nacionalista' y que les aguante un rato más. Pero, a estas alturas de la película-mito del nacionalismo, ¿es posible domar al nacionalismo? ¿Daremos algún día por cerrado esta 'pesadez' monumental del agravio permanente como de 'doncella ofendida' del catalanismo? Pues creo que a ambas preguntas se responde que no. Son como los niños a los que no se les ha dicho nunca que no, que son caprichosos y cuando no se les hace caso, porque ya han superado el límite de lo admisible, lloran y patalean y te montan en 'numerito'. Hay que parar ya, decirles que no, que hasta aquí hemos llegado, que no vamos a gastar el pan de los hijos en comprar al niño caprichoso otra bicicleta porque ya no le gusta la que tiene (y que funciona bien). No, Mas, Junqueras, Pujol y demás viacatalanistas deben saber ya que esto se ha terminado y que si quieren irse de casa, pues muy bien, que se vayan, pero que devuelvan todo lo que les dimos y que sepan que no seremos como el padre del hijo pródigo (que esperaba su vuelta), no somos Dios Padre misericordioso: que se atengan a las consecuencias. Si tanto les gusta el modelo escocés, allí ha quedado claro que si abandonan el Reino Unido, nada de Europa, nada de inversión, nada de comercio con Europa y a ver con quién se relacionan... Resultado: menos del 25 de escoceses apoya el abandono de la Corona Birtánica. Las cosas claras.

viernes, 6 de septiembre de 2013

¿Por qué no debemos intervenir en Siria?

Desde luego lo de Siria parece tener difícil arreglo. Casi cualquier cosa que se haga puede ser mala opción. Vaya por delante que me inclino, vistos los precedentes similares, por no intervenir. Porque el problema no es intervenir, el ejército sirio fiel a Al-Asad probablemente no aguante mucho tiempo una resistencia a una fuerza aliada o simplemente americana. El problema no es la intervención, sino lo que pasará después. Ese ha sido el problema en Irak o en Afganistán o en otros lugares:no tener una idea de lo que hacer cuándo se haya expulsado al sátrapa de turno. El resultado en Túnez. Egipto, Argelia es significativo (por no hablar de Irak o Afganistán aún abiertos): a un dictador sinvergüenza le ha seguido una dictadura de corte islámico (avalada por elecciones, claro) que ha supuesto un retroceso en los derechos humanos -ya muy castigaditos por los dictadorzuelos de turno- y sobre todo la defensa de las minorías de otras religiones que con los islamistas pasan a ser asesinadas sin piedad. Lo hemos visto en Irak donde los cristianos son asesinados en las mismas iglesias, o en Egipto donde los coptos han ido huyendo del país, Líbano... en fin, una masacre de cristianos que, no lo olvidemos, estaban allí antes de que Mahoma tuviera sus 'revelaciones'.
Occidente ha renunciado hace ya mucho tiempo a sus principios -todos ellos de tradición judeo-cristina- como de validez universal, para caer en un relativismo donde se cumple lo del chiste: 'Usted ¿como ha llegado a tan mayor?''Porque no discuto con nadie''Hombre, ¿no será por eso?''Pues no lo será'. O del marxismo más recalcitrante... pero de Groucho: 'estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros'. A esto ha quedado reducida la civilización occidental. Porque nos parece mal que pretendamos 'obligar' a los países de mayoría islámica a respetar unos derechos y unas libertades que nos parecen buenas para nosotros pero que estamos dispuestos a rebajar por una pretendida 'tolerancia' que no es sino cobardía o simple compromiso interesado.
Porque si Obama (y los que le acompañan) tuvieran una idea clara de que mundo quieren, de qué es lo mejor y lo propio del ser humano (la libertad, el respeto a las creencias de todos sin imposiciones, la dignidad del ser humano independientemente de su sexo o raza o religión...), no apoyarían a grupos islamistas como en el caso de Siria o los Hermanos Musulmanes en Egipto (¡vale! ganaron unas elecciones, pero también Hitler y no por eso es legítimo lo que hizo). Si la idea es llevar a Siria a la democracia, pero democracia de verdad, hay que estar dispuesto a invadir Siria, a reconstruirla y a 'estar sobre el terreno' unos cuantos años... y asumir los costes que eso implica. Pero lo único que quiere el presidente Obama (¡Dios mío si esto lo hubiera hecho un presidente republicano y no el 'profeta negro'!) es lavar su imagen ante la opinión pública que está harta de ver cadáveres a la hora de comer (se nos atraganta la hamburguesa). Pero para eso intervendrá 'sólo un poquito', produciremos más muertes, sólo para esto, para acallar nuestra conciencia y que parezca que hacemos algo.
Pues no. No debemos intervenir porque no sabemos qué hacer después, porque la caída de Al-Asad no garantiza que vaya a mejorar la vida de los sirios (más allá de los islamistas radicales), porque sólo provocaremos más muerte, porque es preferible un control de la zona para evitar el tráfico de armas. Y porque, repasemos la Historia, en Oriente llevan desde la llegada/advenimiento de Mahoma matándose y mientras no estén en condiciones de cambiar la yihad y el puñal por la lucha ascética y el diálogo... casi mejor no intervenir, aunque nos resulte duro.

NOTA: mañana el Papa Francisco ha convocado a los católicos y a 'todos los hombres que desean la paz' a una jornada de ayuno y oración. Os animo a participar desde vuestras casas, con los vuestros. Es un buen momento para explicar a los hijos lo que pasa, la necesidad de implorar para el mundo la paz que 'sólo Cristo puede dar'.

martes, 3 de septiembre de 2013

El embarazo adolescente

Ayer se me ocurrió ver una de esas películas de serie B (o C, según se mire) que comienza con un letrero que dice 'Basada en un hecho real'. Con tan sugerente introducción, uno se 'sumerge' en la película convencido de que si no es muy buena como película, tiene el sabor de lo auténtico. Bien, la película de la que hablo es 'Embarazo para la graduación' (más o menos) y cuenta la historia de una chica que para su trabajo de graduación simula un embarazo para ver y analizar la reacción de su entorno -compañeros, familia, profesores, etc.- ante un embarazo adolescente. De ser la chica modelo, buena estudiante, con un futuro prometedor, pasa a ser objeto de mofa por parte de sus compañeros, a ser el escándalo de sus profesores -que ya no la ponen como ejemplo salvo de lo que no tiene que hacer una chica (quedarse embarazada)-, el enfado de su hermano y hermana porque ellos fueron padres adolescentes y esperaban otra reacción de su hermana pequeña. El sufrimiento de la chica durante toda le película es significativo, siente en sus carnes el desprecio, el odio incluso de aquellos que consideraba sus amigos. Habladurías, miradas que no van a su rostro sino a su vientre que crece (gracias a las 'tripas artificiales' que fabrica junto con su madre). Anota todo lo que ve, lo que escucha y su madre, una amiga y el novio hacen lo propio para dar forma a todo un estudio sociológico.

Ya digo que la película no es una maravilla, aunque tiene la bondad de mostrar cómo es el ser humano y cómo juzgamos a las personas de forma inmisericorde por cualquier pretexto. Pero en lo que yo quería fijarme era en cómo lo que se juzgaba era 'el hecho de quedarse embarazada' y no lo que había podido llevar a ello: la práctica de sexo en edad adolescente. El he
cho de que adolescentes que quizá no están preparados para asumir las consecuencias de esos actos se lancen a fornicar no es cuestionado en ningún momento (como por cierto no lo es en ninguno de los sesudos informes que los diversos organismos realizan sobre la cuestión de los embarazos adolescentes). La protagonista es 'tonta' por 'quedarse embarazada', no por arriesgarse a quedarse embarazada practicando sexo con su novio. Es lo que se ha cansado de repetir el anterior Papa: 'una sociedad que se escandaliza de lo que fomenta'. Fomentamos el sexo sin freno entre nuestros jóvenes, pero nos escandalizamos de sus consecuencias en forma de embarazos, enfermedades de transmisión sexual, problemas psicológicos varios... En lugar de afrontar la raíz de esos problemas -lo que nos llevaría seguramente a plantearnos que hemos estado errados al abandonar ciertos principios en los que creíamos-, lo que hacemos es luchar contra esas consecuencias sin mucho éxito, dicho sea de paso.

Porque en el fondo, si somos coherentes con nuestra propia manera de ver, no tiene nada de malo que una chica quede embarazada a los 16 años. Los mejores métodos anticonceptivos tienen una fiabilidad del entorno del 90%... por tanto hay un porcentaje alto (con mucho menos retiramos productos del mercado) de que haya embarazos y si multiplicas las relaciones sexuales... pues más. Simplemente hay que asumir con coherencia lo que se defiende, pero eso es demasiado para esta sociedad hedonista que solamente busca el placer sin límite y sin freno, pero que no quiere aceptar las consecuencias de ese placer desordenado. Porque los hedonistas de antaño pretendían probar todos los placeres, pero sabían que podrían morir en ese ritmo de vida: era el precio que pagaban. Hoy no, hoy damos a nuestros jóvenes la falsa seguridad de que pueden vivir sin miedo a nada.

viernes, 16 de agosto de 2013

¿Son todos los políticos iguales?

Esta suele ser la afirmación que hacemos todos cuando hablamos sobre la política en España: 'Todos los políticos son iguales'. Imaginamos que todos son corruptos, o sin ideales o sin principios más allá de mantener el poder. Y es cierto que quizá muchos -sobre todo los que más arriba están- pueden dar esa impresión. Pero siempre aparecen entre los apparatchik de los partidos los que dicen que la mayoría no son así, que hay miles de concejales que honestamente dan su tiempo a sus conciudadanos y dejan el cargo sin haberse aprovechado ni ellos ni sus familiares o amigos. ¿Por qué entonces tenemos esa imagen de los políticos? ¿Sólo porque han salido unos cuantos -vale, muchos- casos de corrupción económica?

Creo que el problema no es tanto de los casos concretos como de la sensación que transmiten los partidos políticos. La idea de que aquel que es honesto, que tiene ideales y principios no termina triunfando en los partidos está más que extendida. Parece que los partidos, sobre todo cuando tocan poder, son máquinas de destruir personas, trituradoras de carne. Y esto, ¿es por qué los partidos son perversos o tiene que ver con el sistema que nos hemos dado? ¿En todos los países es igual? Pues, por desgracia, es un problema estructural en Europa y en España en particular. Los partidos políticos han sido la forma que, tras la II Guerra Mundial (en España tras la dictadura), se pudo articular para una democracia. La idea parecía correcta: los debates se tienen dentro de los partidos, que eligen y forman a los líderes que después aparecerán en el Congreso y en los ejecutivos. El problema es que con el tiempo los partidos se convierten en instituciones del sistema y copian los esquemas de éstas. Incluso incorporan lo peor de las empresas: la obediencia debida. En una empresa, si uno no está de acuerdo con la línea que marca el jefe y lo manifiesta... es muy probable que termine con sus huesos en la línea del paro. Pero un partido político no es una empresa. Se supone que lo normal en un partido político es la discusión de ideas, la confrontación de argumentos... siempre que estés dispuesto a irte llegado el caso. Pero, ¿qué ocurre si no has hecho otra cosa en tu vida que ser empleado del partido? ¿Y si el sueldo que cobras depende de que el secretario general o el cacique local te incluya en la lista para el Congreso o te otorgue el cargo de confianza? ¿Y si no tienes donde volver cuando te vayas o expulsen del partido? Es humano que uno tenga que vivir. Y así sólo los que se acomodan a los tiempos que corren mantienen su cargo y su posición. Pero para la democracia y para el futuro de un país... ¡es la ruina! 

Porque causa auténtico pavor el ver a muchos cargos orgánicos de los partidos (los que tocan pelo -poder-, porque los otros pueden ser románticos... hasta que hay cargos que repartir) decir lo contrario de lo que decían porque lo dice el jefe del partido. Mucho miedo (o poca vergüenza) tienen que tener para hacer esto. Sólo si cambiamos el sistema de partidos por uno de personas, donde los partidos sean meras estructuras vacías que se ponen en marcha para ganar elecciones, si el candidato responde ante los electores y no ante el partido (la Ejecutiva - vamos, la que ejecuta en sentido estricto), quizá tengamos alguna esperanza. A mí me emociona cuando a un líder anglosajón (Cameron, Blair, Obama o Bush) tiene que negociar con sus propios correligionarios para sacar adelante una ley o medida. Allí un diputado puede ponerse delante del líder y decirle 'por ahí no paso. Eso perjudica a mis electores' sin que el otro pueda hacer mucho más. 

Hay una canción de Ricardo Arjona que lo ilustra lo que dice este post. Caudillo, del disco Independiente.


Está en inglés, pero George Orwell apuntaba, proféticamente a lo mismo: las búsqueda de caudillos por parte de los ciudadanos... que luego se arrepienten de ello.