Muchos teóricos definen crisis como el momento en el que lo viejo aún no se ha ido y lo nuevo aún no ha llegado. España conoció uno de los mayores crecimientos de su historia en el final de la década de los 90 y comienzo del actual siglo. Era la culminación de un proceso de transición que comenzó en 1960 con los primeros planes franquistas de estabilidad para modernizar la economía y que se completa de alguna manera con el cambio jurídico-político (imprescindible para dar seguridad a los mercados) que se produjo tras la muerte de Franco. Aunque hubo momentos de ralentización del crecimiento, éste se produjo ininterrumpidamente desde 1960 hasta 2008. Los diversos gobiernos que en esos casi 50 años habían sido procuraron el hacer las diversas reformas económicas y políticas para dotar a España de los mecanismos necesarios para mantener el crecimiento: sistema de seguridad social y pensiones, modernización del mercado de trabajo, leyes reguladoras de la competencia, liberalización de mercados y privatización de empresas públicas, reconversiones industriales y un largo etcétera. Quizá algunos pudieron ser más ambiciosos e ir un poco más allá, pero todos, con sus matices ideológicos, fueron avanzando para que España se convirtiera en un país similar al resto de los vecinos europeos. De hecho la convergencia en renta y riqueza no había hecho sino aumentar en esos años... hasta la llegada de Zapatero.
Las reformas que se hagan pueden ser equivocadas, incompletas, pero se hacen. Pero el quedarse pasmao ante la situación que tenemos no es de recibo. España ha perdido diez años y tardará mucho en recuperarlos. Pero, aún siendo la situación muy grave, cabría la posibilidad de recuperarnos. Bastaría con echar al presidente de Gobierno y cambiarlo por el líder de la oposición. Así lo hicimos en 1982 con un acabado proyecto de Suárez para poner al ilusionante González; en 1996 un ahogado por la corrupción y la crisis económica presidente González era sustituido por Aznar... y tras un atentado y su manipulación posterior, los españoles poníamos a un incompetente al frente del país. Hoy podríamos hacer algo parecido: si no hoy, cuando hubiera elecciones, votamos a la oposición, y asunto resuelto. Pero si el Gobierno es un cadáver andante, la oposición no es que ande briosa. Sobre todo porque muchos dudamos de que tenga el valor (o incluso la posibilidad) de aplicar las medidas que el país necesita: freno a las autonomías y nacionalismo que consume nuestros recursos, reformas laborales y de los principales servicios públicos, recorte del gasto público absolutamente brutal, reforma en educación... y eso con los sindicatos en la calle, los nacionalistas amenazando con salirse del sistema (no lo harán, el pesebre tira mucho), miembros destacados del propio partido conspirando para mantener sus prebendas localistas... Sabemos que Zapatero no hará nunca eso, que no se atreverá a realizar las reformas necesarias para que España salga de la crisis, sea competitiva con respecto a sus vecinos y al resto del mundo. Pero es que, viendo el comportamiento de Rajoy, uno puede dudar de que la oposición sea capaz.
Esto lo que hace es preguntarse por el futuro que le espera al país. ¿Puede España salir de la crisis y remontar el vuelo con la actual casta política? ¿Tiene España los líderes (al menos 2, para la alternativa) necesarios para labrarse un futuro? ¿Estamos condenados a ser la cola de Europa?
lunes 8 de febrero de 2010
viernes 5 de febrero de 2010
El hombre a la luz del nacimiento de Cristo
Artículo ya publicado en su día en Spero Press y tomado también en Catholic.net. Me piden que lo reedite. Pues ahí va. Espero que os guste.
El hombre a la luz del nacimiento de Cristo
Hasta el cristianismo, el pensamiento dominante en las diversas religiones relegaba al hombre a ser parte de un engranaje más grande, el denominado Pueblo de Dios. La relación con Dios se fundamentaba más en la comunidad que en el trato personal. Cuando Dios quería manifestarse al hombre, lo hacía a través de terceros y hacia una comunidad determinada. Sólo algunos elegidos hablaban con Dios cara a cara. El hombre era, además, un ser caído, que espera su redención. Como ser caído necesita de la comunidad para lograr su salvación y el concepto de responsabilidad individual queda así bastante relegado.
Es curioso, pero este efecto sólo ocurre en la esfera religiosa, dado que en lo referente a la vida social y civil, pueblos como el romano o el griego si habían deducido la responsabilidad y autonomía individual en su derecho y filosofía. En el concepto religioso, empero, seguían aún en un periodo anterior.
La llegada del cristianismo cambia totalmente la concepción del hombre y de su lugar en la Historia. De una concepción en la que los dioses o el mismo Dios son el centro, se pasa, a partir de la aceptación de nuestra naturaleza por el mismo Dios, a convertir al hombre, a cada hombre, en sujeto de la Historia.
Esa nueva concepción del hombre se manifiesta en que su dignidad queda aumentada debido a que ya es la misma naturaleza que Dios ha querido para Él. Sólo el hombre en toda la creación merece tal distinción (y esto se manifiesta en que dentro de cualquier ecología, el hombre debe ser el centro y no el entorno). Ya el Génesis lo había apuntado al afirmar que el hombre estaba hecho “a imagen y semejanza” del mismo Dios, pero quizá debido a su caída, las leyes y principios rectores no reconocían suficientemente la enorme dignidad del hombre así creado. Pero es con el nacimiento de Cristo cuando se cambia realmente hacia el concepto del hombre tal y como lo conocemos.
Desde San Pablo vemos como el hombre es ahora no “criatura de Dios”, sino “hijo de Dios” (“el espíritu que se nos ha dado que nos hace clamar: Abba, Padre”). De ahí comienzan a derivarse entonces el que nadie pueda tener a un hermano como esclavo, que no hay ya supremacía de razas: “no existe ni esclavo ni libre, ni judío ni griego, sino una sola raza de los hijos de Dios”.
Los teólogos, en su gran parte españoles, de la Reforma católica del siglo XVII darán más forma a esa nueva concepción, reconociendo unos derechos inherentes al hombre, por el hecho de ser hombre. Lo que en pleno siglo XX (¡veinte siglos le han hecho falta al mundo para reconocer lo que San Pablo ya afirmaba en el siglo I! ¡Cosas de la naturaleza caída!) se ha denominado los Derechos Universales del Hombre, son de una clara inspiración cristiana. Es el hecho de compartir la misma naturaleza de Dios lo que hace que la vida del hombre sea inviolable desde el mismo momento de su concepción hasta su muerte natural. El hecho de que tanto el hombre como la mujer hayan sido creados por Dios, compartiendo la misma naturaleza, el que Dios haya querido nacer de una mujer ha dignificado la condición de ésta hasta hacerla la criatura más excelsa creada (más que María sólo Dios). Nadie puede ejercer violencia sobre la mujer, ni negarle la dignidad que le es propia.
El hombre tiene derecho a relacionarse con su creador como lo estime oportuno, sin que su conciencia sea violentada. Dios es libre, nos hizo libres y libremente tomó nuestra naturaleza, ¿cómo no vamos a respetar la libertad de los otros? La inteligencia es un chispazo de la sabiduría de Dios, una luz que participa de la Luz que es Dios. El respeto al pensamiento del otro, la libertad de pensamiento, expresión, cátedra... son manifestaciones de esa inteligencia que busca la verdad y que está creada para la Verdad. El sexo es la participación necesaria en el poder creador de ese Dios que ha querido ligar su amor creador al amor entre un hombre y una mujer y a los actos que en un animal son instinto. Por eso la dignidad del amor entre un hombre y una mujer está por encima de la unión carnal ciega a la luz de la vida entre dos hombres o dos mujeres. Por eso esa unión no es humana, porque no es propia del hombre así querido.
Cristo vino a la Tierra a salvar al hombre, pero no como una totalidad, sino a cada hombre. Se ha dicho, con razón, que Dios sólo sabe contar hasta uno. Que cada hombre es único e irrepetible, que por un solo hombre Cristo hubiese venido a la Tierra a salvarlo. Es la parábola del hijo pródigo, que acertadamente el Siervo de Dios Juan Pablo II rebautizó como del Padre misericordioso, cuyo padre acude cada día al camino a buscarlo. Si Dios hace esto por mí, por cada hombre, ¿qué respeto, qué dignidad tan grande tiene el que a mi lado está? Si todo un Dios ha querido tomar la condición del hombre, ¿cuánto vale ahora el hombre?
Esto es lo que algunos, desconociendo de dónde vienen las palabras que tan solemnemente emplean, no terminan de entender cuando quieren sacar a Dios de la vida pública. Es Él el que hace que los derechos no sean una concesión del Estado sino anteriores a él. Esto es lo que nos diferencia de otras religiones (el Islam, por ejemplo). Dios no pide sumisión ante un poder absoluto, pide que lo amemos y para hacerlo más fácil, se hace Niño y ¿quién no ama a un niño desvalido? Dios no se impone, se propone y se deja hacer, porque confía en el hombre, ya que Él es hombre como nosotros.
Esto es lo que estos días celebramos: todo un Dios que ha querido hacerse como nosotros, para elevar al indigno más alto de lo que nunca soñó. Nos lo dijo ya San Agustín, “nos hiciste Señor para ti y nuestra alma estará inquieta hasta que descanse en ti”.
El hombre a la luz del nacimiento de Cristo
Hasta el cristianismo, el pensamiento dominante en las diversas religiones relegaba al hombre a ser parte de un engranaje más grande, el denominado Pueblo de Dios. La relación con Dios se fundamentaba más en la comunidad que en el trato personal. Cuando Dios quería manifestarse al hombre, lo hacía a través de terceros y hacia una comunidad determinada. Sólo algunos elegidos hablaban con Dios cara a cara. El hombre era, además, un ser caído, que espera su redención. Como ser caído necesita de la comunidad para lograr su salvación y el concepto de responsabilidad individual queda así bastante relegado.
Es curioso, pero este efecto sólo ocurre en la esfera religiosa, dado que en lo referente a la vida social y civil, pueblos como el romano o el griego si habían deducido la responsabilidad y autonomía individual en su derecho y filosofía. En el concepto religioso, empero, seguían aún en un periodo anterior.
La llegada del cristianismo cambia totalmente la concepción del hombre y de su lugar en la Historia. De una concepción en la que los dioses o el mismo Dios son el centro, se pasa, a partir de la aceptación de nuestra naturaleza por el mismo Dios, a convertir al hombre, a cada hombre, en sujeto de la Historia.
Esa nueva concepción del hombre se manifiesta en que su dignidad queda aumentada debido a que ya es la misma naturaleza que Dios ha querido para Él. Sólo el hombre en toda la creación merece tal distinción (y esto se manifiesta en que dentro de cualquier ecología, el hombre debe ser el centro y no el entorno). Ya el Génesis lo había apuntado al afirmar que el hombre estaba hecho “a imagen y semejanza” del mismo Dios, pero quizá debido a su caída, las leyes y principios rectores no reconocían suficientemente la enorme dignidad del hombre así creado. Pero es con el nacimiento de Cristo cuando se cambia realmente hacia el concepto del hombre tal y como lo conocemos.
Desde San Pablo vemos como el hombre es ahora no “criatura de Dios”, sino “hijo de Dios” (“el espíritu que se nos ha dado que nos hace clamar: Abba, Padre”). De ahí comienzan a derivarse entonces el que nadie pueda tener a un hermano como esclavo, que no hay ya supremacía de razas: “no existe ni esclavo ni libre, ni judío ni griego, sino una sola raza de los hijos de Dios”.
Los teólogos, en su gran parte españoles, de la Reforma católica del siglo XVII darán más forma a esa nueva concepción, reconociendo unos derechos inherentes al hombre, por el hecho de ser hombre. Lo que en pleno siglo XX (¡veinte siglos le han hecho falta al mundo para reconocer lo que San Pablo ya afirmaba en el siglo I! ¡Cosas de la naturaleza caída!) se ha denominado los Derechos Universales del Hombre, son de una clara inspiración cristiana. Es el hecho de compartir la misma naturaleza de Dios lo que hace que la vida del hombre sea inviolable desde el mismo momento de su concepción hasta su muerte natural. El hecho de que tanto el hombre como la mujer hayan sido creados por Dios, compartiendo la misma naturaleza, el que Dios haya querido nacer de una mujer ha dignificado la condición de ésta hasta hacerla la criatura más excelsa creada (más que María sólo Dios). Nadie puede ejercer violencia sobre la mujer, ni negarle la dignidad que le es propia.
El hombre tiene derecho a relacionarse con su creador como lo estime oportuno, sin que su conciencia sea violentada. Dios es libre, nos hizo libres y libremente tomó nuestra naturaleza, ¿cómo no vamos a respetar la libertad de los otros? La inteligencia es un chispazo de la sabiduría de Dios, una luz que participa de la Luz que es Dios. El respeto al pensamiento del otro, la libertad de pensamiento, expresión, cátedra... son manifestaciones de esa inteligencia que busca la verdad y que está creada para la Verdad. El sexo es la participación necesaria en el poder creador de ese Dios que ha querido ligar su amor creador al amor entre un hombre y una mujer y a los actos que en un animal son instinto. Por eso la dignidad del amor entre un hombre y una mujer está por encima de la unión carnal ciega a la luz de la vida entre dos hombres o dos mujeres. Por eso esa unión no es humana, porque no es propia del hombre así querido.
Cristo vino a la Tierra a salvar al hombre, pero no como una totalidad, sino a cada hombre. Se ha dicho, con razón, que Dios sólo sabe contar hasta uno. Que cada hombre es único e irrepetible, que por un solo hombre Cristo hubiese venido a la Tierra a salvarlo. Es la parábola del hijo pródigo, que acertadamente el Siervo de Dios Juan Pablo II rebautizó como del Padre misericordioso, cuyo padre acude cada día al camino a buscarlo. Si Dios hace esto por mí, por cada hombre, ¿qué respeto, qué dignidad tan grande tiene el que a mi lado está? Si todo un Dios ha querido tomar la condición del hombre, ¿cuánto vale ahora el hombre?
Esto es lo que algunos, desconociendo de dónde vienen las palabras que tan solemnemente emplean, no terminan de entender cuando quieren sacar a Dios de la vida pública. Es Él el que hace que los derechos no sean una concesión del Estado sino anteriores a él. Esto es lo que nos diferencia de otras religiones (el Islam, por ejemplo). Dios no pide sumisión ante un poder absoluto, pide que lo amemos y para hacerlo más fácil, se hace Niño y ¿quién no ama a un niño desvalido? Dios no se impone, se propone y se deja hacer, porque confía en el hombre, ya que Él es hombre como nosotros.
Esto es lo que estos días celebramos: todo un Dios que ha querido hacerse como nosotros, para elevar al indigno más alto de lo que nunca soñó. Nos lo dijo ya San Agustín, “nos hiciste Señor para ti y nuestra alma estará inquieta hasta que descanse en ti”.
jueves 4 de febrero de 2010
Zapatero 'reza'
Y permítanme que les hable en castellano, en la lengua en la que por primera vez se rezó al Dios del Evangelio en esta tierra. Nadie como ustedes conoce el valor de la libertad religiosa. Sus antecesores huyeron de la dominación, y para que nunca les fuera arrebatada la libertad fundaron este país.Buen juego retórico para que se note poco eso de que no habla ni papa de inglés (mal que aqueja a casi todos nuestros políticos). Si no le conociésemos, diríamos que defiende la libertad religiosa. Si fuera coherente rectificaría inmediatamente la Ley de libertad religiosa que impide que pueda celebrarse un acto como ese al que acaba de acudir: en la España de ZP se va a prohibir la libertad religiosa, que no es poder rezar en tu casa (¡¡sólo faltaría!!) sino el poder hacerlo en público.
No dejemos de velar por la buena integración de quienes han venido a trabajar y a convivir a nuestros países. No dejemos de velar también por aquellos a los que no podemos acoger entre nosotros, y pasan hambre y miseria en tantos lugares de la Tierra.Pero integrarse es aceptar las leyes del país que te acoge, su cultura y sus costumbres. ¿Acepta el imán de Cunit la cultura española? Aceptar al qeu se quiere integrar, sí, pero no aceptar a cualquiera, y mucho menos a aquellos que sólo quieren destruir nuestra cultura y civilización porque es blasfema y hereje. Vamos, que la chilaba y el burka no forma parte de la integración precisamente.
Hoy mi plegaria quiere reivindicar igualmente el derecho de cada persona, en cualquier lugar del mundo, a su autonomía moral, a su propia búsqueda del bien.Si hasta ahora iba más o menos bien, ahora comienza el canto al relativismo moral. Claro que todo el mundo tiene derecho a su propai búsqueda del bien, pero eso no quiere decir que todo sea moral (ciencia que se ocupa de unir el bien y la verdad de las cosas, no lo olvidemos), por el hecho de ser libres o auténticas.
Hoy mi plegaria quiere reivindicar la libertad de todos para vivir su propia vida, para vivir con la persona amada y para crear y cuidar a su entorno familiar, mereciendo respeto por ello.¿Esto va contra los matrimonios convenidos en el Islam, verdad? Pues no, todo el mundo ha apuntado a un guiño a los homosexuales, lobby para el que ZP es un icono. Todo el mundo tiene derecho a vivir con la persona amada, pero no toda convivencia con la persona amada es una familia, ni esa unión es un matrimonio. Porque la tolerancia es respetar primero la verdad de las cosas. No toda forma de vida merece respeto tampoco: aquellas que no respetan la verdad o la libertad de otros o que pretenden imponerse como buenas a toda la sociedad que no las acepta, esas, no tienen porque merecer respeto. ¿O debo respetar y prohijar el modo de vida que sojuzga a la mujer al fondo del hogar o que obliga a una niña a abandonar su educación a los 12 años con el primer periodo? ¿Todo es respetable? Pues no siempre.
La libertad es la verdad cívica, la verdad común. Es ella la que nos hace verdaderos, auténticos como personas y como ciudadanos, porque nos permite a cada cual mirar a la cara al destino y buscar la propia verdad.Es que es justo al revés: es la verdad la que nos hace libres y no la libertad verdaderos. Por muy libre que sea el robo, no deja de ser mentira, falsedad. Y lo de buscar la propia verdad resulta chocante. Recuerda más a Pilatos: ¿Y qué es la verdad? Paradigma en nuestra cultura del cinismo. Ahora lo toma Zapatero.
España ya fue en el pasado ejemplo de convivencia entre las tres religiones del Libro: Judaísmo, Cristianismo e Islam. Y hoy defiende en el mundo la tolerancia religiosa y el respeto a la diferencia; el diálogo, la convivencia de las culturas, la Alianza de las civilizaciones. Lo hacemos con tanta convicción como rechazamos las afirmaciones excluyentes de superioridad moral, el absolutismo o el fundamentalismo intransigente.Falso. España no fue nunca ejemplo de convivencia entre las tres religiones. El Islam pretendió terminar desde su llegada con los cristianos y judíos. Ocho siglos costó a nuestros antepasados expulsar a los bárbaros árabes de la Península. Pero es que nuestros ancestros cristianos tampoco eran mucho mejores: en cuanto pudieron echaron a los judíos para quedarse con sus bienes. ¿Ejemplo de convivencia? Pero si llevamos pegándonos entre nosotros en Europa desde hace más de diez siglos. Vale que hemos aprendido mucho, pero ni el Islam puede convivir con ninguna otra religión (salvo que acepte su papel de dimnie o segunda clase), ni al Historia nos enseña eso. Seamos serios y rigurosos: vale que ahora queremos ser muy buenos y convivir con todos, pero de momento es sólo un deseo: el terrorismo más salvaje que existe es el islámico... Luego ya hay afirmaciones cínicas como esa de rechazar afirmaciones de superioridad moral: ¡¡Y eso lo dice un progre que se van dando lecciones de democracia a todo el mundo!! Pero es que además, entre la igualdad ante al ley, la tolerancia religiosa, la propiedad privada, la libertad y lo que propugna el Corán o el marxismo o el ecologismo sandía, pues sí, hay superioridad moral o ¿es que todo es igual?
Ya sea con una dimensión trascendente o cívica, la libertad es siempre el fundamento de la esperanza, de la esperanza en el futuro.¿Los que tenemos dimensión trascendente somos incívicos? Por lo demás, la frase es correcta: la libertad es fundamento de esperanza, pero habría que añadir que por la libertad hay que vivir y morir. Y nuestro pacifista no parece dispuesto a ello... sino más bien a rendirse.
¿Elecciones anticipadas? ¿Está acorralado ZP?
La situación de la economía española es dramática: más de 4 millones de parados oficiales (realmente más de 4.5 millones), un sistema de pensiones en quiebra, la mayor diferencia en el déficit de comercio exterior, dependientes totalmente del exterior en materia energética, una deuda en creciente aumento, un déficit que rozará el 10% del PIB, una situación de técnica deflación... en fin, que no hay ni un solo dato económico positivo. El problema es que el deterioro ha sido tan grande y en tan poco tiempo que el resto de países europeos y, sobre todo, los organismos económicos, están decididos a intervenir la economía española antes de que dañe al resto de compañeros de viaje. Ya lo han hecho con Grecia, pero el siguiente en la lista es España. De hecho ya han advertido a Zapatero: O haces las reformas que decimos o te la juegas. Y Zapatero juega ahora al despiste para hacer creer a Bruselas que aplica medidas, no sabemos si las aplicará, pero aquí hace como que no, no sea que se nos enfaden los sindicatos apesebrados.
¿Qué hacer ante esta situación? Pues ya hasta en el PSOE empiezan a desmarcarse: Barreda le pide públicamente que reduzca su Gobierno, que se visualice un Gobierno de crisis, austero y pequeño. El guerrismo, a través de su voz intelectual Tezanos, ya pide que unas elecciones aclaren la situación y que después de ellas se forme un gobierno de concentración PSOE-PP que permita tomar las medidas adecuadas para salir de la crisis y dar una estabilidad a largo plazo. Pero no sólo en el PSOE: Aguirre ya he pedido que sean los ciudadanos los que decidan. Hasta periodistas afines como Escolar en Público ya dicen que están noqueados.
Y parece que podría ser así, que los datos económicos y las medidas que deberá tomar (antes de que pase por la vergüenza de ser apartado de las cuestiones de gobierno en materia económica por el FMI y Bruselas) le tengan contras la cuerdas, acorralado y al borde del colapso. Pero no lo es, por desgracia, no lo es. Zapatero está dispuesto a aguantar hasta 2012 en la confianza de que la situación mejore algo y su baraka le haga ganar de nuevo.
Pero la situación más lógica sería convocar a elecciones, que los españoles entren a decidir quien les guía en esta situación, qué política económica y social queremos. Porque en 2008 votamos en una situación muy, muy diferente (independientemente de que nos mintieran sobre la crisis). Quizá lo más justo sería que pudiésemos opinar sobre ello... Pero, ¿nos dejará esta casta política? ¿Por qué Mariano Rajoy no plantea una moción de censura para acorralar al Zapatero? ¿Sabe o no sacarnos de esta? ¿Cuánto tiene que deteriorarse la situación para que el PP haga algo? ¿Espera que la presidencia le caiga encima simplemente?
¿Qué hacer ante esta situación? Pues ya hasta en el PSOE empiezan a desmarcarse: Barreda le pide públicamente que reduzca su Gobierno, que se visualice un Gobierno de crisis, austero y pequeño. El guerrismo, a través de su voz intelectual Tezanos, ya pide que unas elecciones aclaren la situación y que después de ellas se forme un gobierno de concentración PSOE-PP que permita tomar las medidas adecuadas para salir de la crisis y dar una estabilidad a largo plazo. Pero no sólo en el PSOE: Aguirre ya he pedido que sean los ciudadanos los que decidan. Hasta periodistas afines como Escolar en Público ya dicen que están noqueados.
Y parece que podría ser así, que los datos económicos y las medidas que deberá tomar (antes de que pase por la vergüenza de ser apartado de las cuestiones de gobierno en materia económica por el FMI y Bruselas) le tengan contras la cuerdas, acorralado y al borde del colapso. Pero no lo es, por desgracia, no lo es. Zapatero está dispuesto a aguantar hasta 2012 en la confianza de que la situación mejore algo y su baraka le haga ganar de nuevo.
Pero la situación más lógica sería convocar a elecciones, que los españoles entren a decidir quien les guía en esta situación, qué política económica y social queremos. Porque en 2008 votamos en una situación muy, muy diferente (independientemente de que nos mintieran sobre la crisis). Quizá lo más justo sería que pudiésemos opinar sobre ello... Pero, ¿nos dejará esta casta política? ¿Por qué Mariano Rajoy no plantea una moción de censura para acorralar al Zapatero? ¿Sabe o no sacarnos de esta? ¿Cuánto tiene que deteriorarse la situación para que el PP haga algo? ¿Espera que la presidencia le caiga encima simplemente?
miércoles 3 de febrero de 2010
Gabilondo: idiocia y totalitarismo
Porque eso es lo que se puede pensar tras oír a nuestro ministro de Educación (el hermanistro como le llama César Vidal) decir las últimas cosas que se le han ocurrido. Vayamos por partes:Nuestro ministro de educación ha afirmado que los problemas de autoridad tienen que ver con algunos modelos un poco rígidos de un señor que habla y otros que escuchan.Y ha descubierto cómo solucionarlo mediante clases dónde haya más democracia, participación y proximidad.Así, nos ilustra su excelencia el señor ministro con esta información: en los países donde los sistemas de educación son más participativos, más comunicativos, con más tutorías y con más proximidad al estudiante, hay menos problemas de autoridad. Y lo peor de todo esto es que Angel Gabilondo ha sido hasta anteayer docente (cierto que defendía el botellón de los jueves en la Autónoma, pero docente al fin y al cabo). Porque cualquiera que se haya puesto delante de unos chavales sabe perfectamente que ese modelo un poco rígido es el único que funciona: el alumno va a la escuela (o al instituto) a aprender de alguien que sabe más que él de ciertas materias, y por eso debe escucharle. Claro que si el modelo educativo va a ser La Noria donde un grupo de analfabetos opina sobre el Código de Derecho Canónico o sobre si la energía nuclear es más positiva que la solar y el único experto que acude es silenciado por los gritos de Mª Antonia Iglesias y Sopena acusándole de submarino de la derechona o de rancio fascista, pues sí, es muy participativo, aunque después de aquello el que sabe sigue sabiendo y el que debía enterarse gracias al experto sigue igual de indocto en la materia objeto de aprendizaje.
Señor Gabilondo, la escuela no es la warner, se va allí a aprender, y habrá materias que interesen más alumno porque el profesor las explica con más gracia y argumentos o porque simplemente le llama a uno más la atención (todos recordamos a ese profesor de Literatura o de Matemáticas que nos hizo decantarnos por esos estudios antes que por otros; o bien nos llamaba más la atención la misma materia -a mí me pasaba con la Literatura, por ejemplo-), pero no porque se haga más democrático se aprende mejor. Si usted ha llegado a saber algo (aunque desconoce, pese a ser catedrático de Metafísica, qué es el ser humano), habrá sido escuchando a los que sabían más que usted, leyendo, esforzándose, estudiando... no a base de proximidad (¿no tendrá que ver eso de la proximidad con lo de que el sexo nos lo ha dado la naturaleza para usarlo con los animales, verdad? Es que uno ya se lía con tanta participación). Para aprender hay que poner esfuerzo. Quizá recuerde de su época de cura que se decía que esto es así desde que Eva probó la manzanita de marras: trabajarás con el sudor de tu frente (que ha sido traducida por los socialistas como trabajarás con el sudor del de enfrente).
Pero nuestro hermanistro nos ha regalado otra joya: la escuela concertada sería, para Angel Gabilondo, subsidiaria de la pública, pues se trata de un encargo público hecho a centros privados. Y se queda tan ancho el amigo Gabilondo. Vamos a recordar al señor ministro que el titular de la educación son los padres, y no el Estado. Por tanto, son los padres los que encargan a los centros privados que eduquen a sus hijos, y el Estado para garantizar ese derecho de los padres que pagan impuestos, financia esos centros. Es el Estado el que es subsidiario de los ciudadanos, no al revés. Lo que define y defiende Gabilondo (los ciudadanos como subsidiarios del Estado) es el totalitarismo: un estado fascista o comunista... Lo digo por ir definiendo las cosas.
lunes 1 de febrero de 2010
El sistema quebrado de pensiones
Es cierto que el sistema de pensiones público se basa en una suposición un tanto arriesgada: los cotizantes del futuro harán posibles las pensiones del mañana, del mismo modo que los de hoy hacen posibles las pensiones actuales. Es un puro sistema piramidal en el que las inversiones de mañana garantizan las de hoy (Madoff fue condenado por algo similar). Claro, si se reduce el número de cotizantes (como pasa hoy por el descenso de la natalidad y las altas tasas de paro), el sistema es insostenible. A eso sumemos que debido a las mejoras en las condiciones de vida, antes se pagaban pensiones por 10 ó 15 años, y ahora nos vamos a medias mucho más altas, con lo que el número de pensiones a pagar aumenta más aún. El sistema es muy complicado de mantener y si lo ha hecho últimamente ha sido, fundamentalmente, por la llegada de inmigrantes que han suplido la falta de nacimientos. Pero la crisis económica y la falta de reformas en el sistema (que muchos economistas veían obligadas y que hubieran sido mucho menos dolorosas en periodo de bonanza) han hecho que ahora se haga necesaria la modificación de las condiciones de jubilación (pasar de los 65 a los 67 años). Muchos expertos consideran que esta medida no será suficiente y que será necesario el hacer reformas muy profundas para corregir la situación.Como bien ha indicado Esperanza Aguirre, sólo hay dos maneras de corregir el desaguisado: o se sube el número de cotizantes o se baja el número de pensionistas. Parece que la incapacidad de nuestro presidente para crear las condiciones en las que la creación de empleo sea posible (no se trata al modelo Keynes de crear puestos públicos, sino de crear un sistema económico donde merezca la pena invertir, y para eso son necesarias las reformas estructurales), le han llevado al segundo caso: En vez de incrementar el número de cotizantes, Zapatero disminuye el de pensionistas (Esperanza Aguirre).
Pero el problema quizá esté en el mismo sistema y en su incapacidad de capitalización. En el fondo, como bien ha indicado hoy en un artículo José García Domínguez, los sistemas de pensiones públicos son precarias fortalezas sustentadas en cimientos antes antropológicos que económicos. A saber, que en todo tiempo y lugar los contemporáneos anden dispuestos a engendrar similar prole que sus inmediatos ancestros. En el momento en el que esto se quiebra, no es posible sostener el sistema. Está basado en que cada uno de nosotros sostendrá un anciano (y un niño), del mismo modo que lo hicieron nuestros padres y que harán mis hijos. Si esa proporción se quiebra, el sistema no encuentra sustento. Y en esas estamos. O sea que entre la crisis económica y la crisis de valores de Occidente, estamos quebrando el sistema de futuro... ¿a que mola?
viernes 29 de enero de 2010
Insistimos, ¿qué hacemos ahora,, señor juez?
Ya lo dijimos cuando salió al sentencia, el problema que iban a tener ahora estos padres era poder educar con la mínima eficacia a este niño. Porque el señor juez (y la Consejería que denunció a la madre, no lo olvidemos) decidió que la madre no podía dar una bofetada a su hijo si este no se sometía a la disciplina familiar. Claro, cuando a un niño le dices que su madre y su padre no van a poder ejercer la autoridad (con un pescozón llegado el caso, que aunque no es el medio educativo más óptimo, hay ocasiones en que puede ser imprescindible), pues ese niño se toma la decisión como lo que es: tengo derecho a hacer lo que me da la gana. Y eso es lo que, por desgracia, está pasando. Los padres, dos años después, piden a las autoridades que internen a su hijo porque, como era esperable, cada vez que la madre intenta que el ya adolescente obedezca, éste le desafía blandiendo la sentencia. La madre está desesperada y pide a la Consejería de Bienestar Social que interne a su hijo para lograr encauzarlo. Quizá así el niño vea que de no obedecer a sus padres, eso puede tener consecuencias. Porque la educación en la libertad va siempre unida a la educación en la responsabilidad. Cada acto que realizamos debe tener unas consecuencias, y la ley del menor (de la que ya hemos hablado) y sentencias como esta transmiten a los menores la idea de que la libertad es absoluta y que sus actos no pueden tener consecuencias. Esto, a quien más perjudica, es a los propios menores que se quedan sin la posibilidad de educarse...
Ahora el problema lo tienen los padres, el juez ya fue progresista, los denunciantes se convirtieron en pedagogos logsistas y los demás perjudicados, pero eso no nos importa ya, como no les importa a los políticos que tan buen sueldo se llevan el subir la edad de jubilación (mientras ellos por 4 años ya logran la máxima pensión) debido a su afán de gasto y poder, como no les importa a los sindicatos el arruinar a los trabajadores para mantener sus prebendas... Los ciudadanos sufrimos las leyes sin sentido, los jueces sin sentido común ni sabiduría (como la entendían los griegos) y los políticos y liberados sin oficio conocido. Como antes de la Revolución Francesa, el Tercer Estado paga impuestos y sufraga todas las estupideces de esta nueva nobleza y de un clero (¿qué es el progresismo sino una nueva religión?) despótico. Pero que no olviden dónde terminaron todos ellos. Quien no conoce su historia está condenado a repetirla.
Ahora el problema lo tienen los padres, el juez ya fue progresista, los denunciantes se convirtieron en pedagogos logsistas y los demás perjudicados, pero eso no nos importa ya, como no les importa a los políticos que tan buen sueldo se llevan el subir la edad de jubilación (mientras ellos por 4 años ya logran la máxima pensión) debido a su afán de gasto y poder, como no les importa a los sindicatos el arruinar a los trabajadores para mantener sus prebendas... Los ciudadanos sufrimos las leyes sin sentido, los jueces sin sentido común ni sabiduría (como la entendían los griegos) y los políticos y liberados sin oficio conocido. Como antes de la Revolución Francesa, el Tercer Estado paga impuestos y sufraga todas las estupideces de esta nueva nobleza y de un clero (¿qué es el progresismo sino una nueva religión?) despótico. Pero que no olviden dónde terminaron todos ellos. Quien no conoce su historia está condenado a repetirla.
jueves 28 de enero de 2010
El debate de la cadena perpetua
España tiene definida en la Constitución que el objetivo de las penas de privación de libertad es la reinserción del preso en la sociedad. Es un objetivo que leído así suena de maravilla: los asesinos, tras un periodo entre rejas, se convierten en honrados padres de familia o algunos en misioneros incluso. La sociedad sería así justa y benéfica que diría la Constitución de Cádiz. Los delincuentes no son sino un producto de la sociedad occidental que los crea por las desigualdades sociales, víctimas de una estructura social injusta y por tanto ya no son ellos los responsables sino que toda al sociedad es responsable de su suerte, todos culpables. Si el delincuente es menor, entonces el buenismo de la ley se torna ya casi estupidez: el menor de doce años es inimputable, no juzgable y el mayor de esa edad, pues unos añitos en un centro de menores donde la pena mayor por saltarse la disciplina es no jugar a la PSP y a los dieciocho, ¡hala! a la calle a robar coches, violar y en general atentar contra la vida y propiedad ajenas... ¿A qué somos progres y cultos y todo eso?
El otro día coincidí en una conferencia con el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, que nos decía que la Ley del Menor es eficaz en el 90 por ciento de los casos y que habría que modificarla en el caso de los delitos graves solamente. Puede uno quizá estar de acuerdo, pero el problema es más grave si lo extendemos a todo el sistema penal. Quizá el caso de El Rafita, asesino confeso de Sandra Palo (a la que violaron, quemaron viva y aplastaron con el coche) sea muy llamativo y sería suficiente para que el debate sobre esa ley se abriera en la sociedad cuando el asesino sale a la calle tras tres años de internamiento.
Pero el problema es filosófico y no sólo de una ley concreta: ¿cuál es el objetivo de las penas? Quizá habría que referirse a varios objetivos y no a uno solo. Evidentemente debe buscar la reinserción del criminal si esto es posible (ya se sabe que hay delitos que tiene una tasa de repetición enorme como los asesinos en serie, violadores y agresores sexuales, pederastas...), pero en todo caso, parece evidente que resarcir a las víctimas y sus familias y proteger al resto de la sociedad deben ser objetivos primarios de las penas. Y ahí es donde falla el sistema penal español, basado en ese concepto buenista que decíamos al comienzo: como el delincuente no es responsable de nada, sino la sociedad, da lo mismo que realmente esté o no reinsertado, que la sociedad pueda sufrir de nuevo a estas joyas, bien merecido lo tiene una sociedad que crea estos individuos...
En cambio si ponemos a la víctima (y no al victimario) y a la sociedad entera (potencial víctima del delincuente) en el centro del sistema penal, parecerá evidente que sólo en el caso de que realmente se pueda garantizar la reinserción y la seguridad de los ciudadanos, debe dejarse libre al delincuente con graves delitos. Por eso, la propuesta de cadena perpetua para los delitos más graves (asesinatos, violaciones, etc.) pudiendo ser revisada cada ciertos número de años, parece muy acertada: se cumpliría así el deseo de reinserción (si realmente lo está, saldrá una vez cumplida parte de una pena -15 ó 20 años-) y además la justicia para las víctimas y la seguridad para el resto de la sociedad. Porque, hoy, con las leyes actuales, ¿qué garantías tenemos de que un Rafita o un violador del Ensanche no delinca de nuevo y mate o viole a otro ciudadano? ¿Ninguna, verdad? Creo que más bien de lo contrario. ¿Acaso no urge el que la justicia y la seguridad se vean garantizadas en España? ¿Quién tiene más derecho, el ciudadano de bien que cumple la ley y paga sus impuestos o el asesino en serie y el violador que debe encontrar la comprensión de todos los demás? Creo que tiene fácil respuesta.
El otro día coincidí en una conferencia con el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, que nos decía que la Ley del Menor es eficaz en el 90 por ciento de los casos y que habría que modificarla en el caso de los delitos graves solamente. Puede uno quizá estar de acuerdo, pero el problema es más grave si lo extendemos a todo el sistema penal. Quizá el caso de El Rafita, asesino confeso de Sandra Palo (a la que violaron, quemaron viva y aplastaron con el coche) sea muy llamativo y sería suficiente para que el debate sobre esa ley se abriera en la sociedad cuando el asesino sale a la calle tras tres años de internamiento.
Pero el problema es filosófico y no sólo de una ley concreta: ¿cuál es el objetivo de las penas? Quizá habría que referirse a varios objetivos y no a uno solo. Evidentemente debe buscar la reinserción del criminal si esto es posible (ya se sabe que hay delitos que tiene una tasa de repetición enorme como los asesinos en serie, violadores y agresores sexuales, pederastas...), pero en todo caso, parece evidente que resarcir a las víctimas y sus familias y proteger al resto de la sociedad deben ser objetivos primarios de las penas. Y ahí es donde falla el sistema penal español, basado en ese concepto buenista que decíamos al comienzo: como el delincuente no es responsable de nada, sino la sociedad, da lo mismo que realmente esté o no reinsertado, que la sociedad pueda sufrir de nuevo a estas joyas, bien merecido lo tiene una sociedad que crea estos individuos...
En cambio si ponemos a la víctima (y no al victimario) y a la sociedad entera (potencial víctima del delincuente) en el centro del sistema penal, parecerá evidente que sólo en el caso de que realmente se pueda garantizar la reinserción y la seguridad de los ciudadanos, debe dejarse libre al delincuente con graves delitos. Por eso, la propuesta de cadena perpetua para los delitos más graves (asesinatos, violaciones, etc.) pudiendo ser revisada cada ciertos número de años, parece muy acertada: se cumpliría así el deseo de reinserción (si realmente lo está, saldrá una vez cumplida parte de una pena -15 ó 20 años-) y además la justicia para las víctimas y la seguridad para el resto de la sociedad. Porque, hoy, con las leyes actuales, ¿qué garantías tenemos de que un Rafita o un violador del Ensanche no delinca de nuevo y mate o viole a otro ciudadano? ¿Ninguna, verdad? Creo que más bien de lo contrario. ¿Acaso no urge el que la justicia y la seguridad se vean garantizadas en España? ¿Quién tiene más derecho, el ciudadano de bien que cumple la ley y paga sus impuestos o el asesino en serie y el violador que debe encontrar la comprensión de todos los demás? Creo que tiene fácil respuesta.
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