El embarazo adolescente
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Ya digo que la película no es una maravilla, aunque tiene la bondad de mostrar cómo es el ser humano y cómo juzgamos a las personas de forma inmisericorde por cualquier pretexto. Pero en lo que yo quería fijarme era en cómo lo que se juzgaba era 'el hecho de quedarse embarazada' y no lo que había podido llevar a ello: la práctica de sexo en edad adolescente. El he
cho de que adolescentes que quizá no están preparados para asumir las consecuencias de esos actos se lancen a fornicar no es cuestionado en ningún momento (como por cierto no lo es en ninguno de los sesudos informes que los diversos organismos realizan sobre la cuestión de los embarazos adolescentes). La protagonista es 'tonta' por 'quedarse embarazada', no por arriesgarse a quedarse embarazada practicando sexo con su novio. Es lo que se ha cansado de repetir el anterior Papa: 'una sociedad que se escandaliza de lo que fomenta'. Fomentamos el sexo sin freno entre nuestros jóvenes, pero nos escandalizamos de sus consecuencias en forma de embarazos, enfermedades de transmisión sexual, problemas psicológicos varios... En lugar de afrontar la raíz de esos problemas -lo que nos llevaría seguramente a plantearnos que hemos estado errados al abandonar ciertos principios en los que creíamos-, lo que hacemos es luchar contra esas consecuencias sin mucho éxito, dicho sea de paso.
Porque en el fondo, si somos coherentes con nuestra propia manera de ver, no tiene nada de malo que una chica quede embarazada a los 16 años. Los mejores métodos anticonceptivos tienen una fiabilidad del entorno del 90%... por tanto hay un porcentaje alto (con mucho menos retiramos productos del mercado) de que haya embarazos y si multiplicas las relaciones sexuales... pues más. Simplemente hay que asumir con coherencia lo que se defiende, pero eso es demasiado para esta sociedad hedonista que solamente busca el placer sin límite y sin freno, pero que no quiere aceptar las consecuencias de ese placer desordenado. Porque los hedonistas de antaño pretendían probar todos los placeres, pero sabían que podrían morir en ese ritmo de vida: era el precio que pagaban. Hoy no, hoy damos a nuestros jóvenes la falsa seguridad de que pueden vivir sin miedo a nada.
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