lunes, 6 de febrero de 2012

Rubalcaba, secretario general del PSOE

La verdad es que, desde fuera, la elección que tenían ante sí los delegados del 38 Congreso del PSOE, era de lo más complicada. Tenían dos opciones: o bien elegir al candidato que les había llevado a la peor derrota de su historia reciente o bien a una persona que encarna lo más inane del último decenio socialista. Era elegir entre Rubalcaba, un siniestro personaje ligado al tardofelipismo que se reconvirtió al zapaterismo militante y Carme (n) Chacón, cuya mejor definición la hizo Rodríguez Ibarra al llamarla zapatero con faldas. No era, pues, una elección fácil, ya que ninguno de ellos parece reunir las necesidades que puede tener un partido como el socialista de abrirse a la sociedad tras las dosis de sectarismo que el anterior secretario general había dispensado por doquier: si a uno le falta capacidad para conectar con la sociedad y atraer a la gente más joven e incluso a la de edad madura que recuerda su trayectoria (Rbc es artífice de los engaños del GAL, responsable de la peor reforma educativa que hemos conocido y vicepresidente de Zapatero), la otra no tiene ni una idea conocida, ni capacidad de dominar (y conocer) el aparato del partido. De hecho los analistas creen que Chacón perdió un congreso que tenía ganado al no saber cómo ganarse a ese aparato que lleva años moviéndose entre bambalinas sin que importe quien sea el secretario general, las luchas por el poder, etc.

Ahí es donde Carme (n) tenía la desventaja: gente como Blanco o Zarrías estaban con Rbc, y han cocinado el Congreso para que el cántabro se lo lleve. ¿Y ahora qué? Pues la guerra continuará, son muchas las heridas que se han quedado abiertas, y lo que es peor, en dos años hay unas primarias para elegir el candidato a la presidencia del Gobierno, dos elecciones en marzo, las europeas por medio, las gallegas y las vascas... o sea, que de aquí al 2013-14 Chacón y su grupo puede rehacerse y doblarle la mano al actual secretario general. Por lo que la guerra interna continuará, las cuchilladas en cada uno de los congresos provinciales serán de aúpa, cada nombramiento se verá en base a facciones... desde luego este congreso no será el de la unidad, sino más bien un punto y seguido. Pero si hubiera ganado Carme (n) tampoco tendríamos la cosa clara, ya que la vieja guardia le haría la vida imposible.

El análisis hay que hacerlo desde la perspectiva de la derrota electoral y el cómo se llegó a ella: el PSOE ha obtenido su peor resultado electoral, ha perdido casi todo el poder territorial, puede perder Andaluciía (lo último que le quedaba) y todo ello habiendo renunciado a los que había sido su discurso radical de izquierda para tener que realizar el plan que le imponían los acreedores a España. De esa manera se quedaba además sin alternativa posible al PP. Y es que sumemos a ello que Zapatero fue implacable durante sus años de mandato con los barones y demás, con lo que no queda quien le suceda fuera de alguien de su propio equipo (Rubalcaba y Chacón fueron destacados ministros)... el cóctel era complicado para los delegados del congreso. Por eso ya digo que la decisión que tenían era complicada. Han elegido a Rbc, pero quizá como un secretario de transición que lleve el partido durante dos años a un cambio de estructura que permita, mientras el PP se desangra en las medidas de austeridad (siempre que no consiga una recuperación económica visible, claro), poner un candidato del aparato que pueda disputar la presidencia. Rbc, pese a que parezca lo contrario, es una apuesta de futuro, para que el PSOE pueda recuperarse en los próximos años. Chacón era, si más, el continuismo del zapaterismo radical, sin ideas, sin nada que aportar a parte de revueltas callejeras (ya hizo en su discurso un llamamiento a ello Carme (n)) y gallitos.

Desde luego va a ser entretenido el panorama de la oposición.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Educación: muchas luces y muchas dudas

El ministro de Educación Juan Ignacio Wert anunció ayer las líneas maestras de la reforma del sistema educativo. Como en casi todo, hay luces y sombras. Algunas cosas suenan muy bien (la ESO de tres años + Bachillerato de 3 años o módulos de FP) y otras no tanto (el cambio de EpC por otra asignatura 'libre de adoctrinamiento'). Veamos...

El cambio de estructura de la Enseñanza Secundaria era algo que no podía demorarse más tiempo. Mantener a un buen grupo de alumnos que ya se han quedado descolgados uno o dos años más en la misma aula que aquellos que tienen un interés por aprender hacía de las aulas de los últimos cursos de la ESO algo ingobernable para el profesor, con la consiguiente bajada de calidad. El alumno sabe que no va a aprobar, que solamente tiene que esperar el paso del tiempo y el profesor sabe que ese alumno ya no puede aprender lo que le transmite, que dejó el currículo oficial hace tiempo atrás.Se hacía necesario el que tras haber repetido ya una vez en el primer ciclo, al terminar tercero (quizá por segunda vez) ese alumno tenga retos que realmente le interesen y no que tenga que estar ahí porqué sí, condenándolo al fracaso escolar y personal. Ahora podrá darse salida a estos alumnos, que elijan una profesión si esa es su intención, mientras los otros pasan al Bachillerato. Ahora será necesario el dignificar la Formación Profesional, llegar a acuerdos con las empresas de los sectores afectados (ahí tiene mucho que decir Hacienda y Trabajo con exenciones fiscales, etc.) para que sean prácticas reales (y no mano de obra barata) y para que de ahí salgan profesionales preparados para el mercado laboral. Hay que concretar más, pero va en la buena dirección para que la ESO deje de ser un sufrimiento para muchos profesores y alumnos.

Menos interesante es el cambio de Educación para la Ciudadanía (EpC) ya que no se produce una derogación de la asignatura en sí, sino que estamos ante un cambio de contenidos (¿cuáles?) y de nombre (¿educación constitucional y cívica, ECC?). Parece que Wert cae de nuevo en el buenismo tan democristiano: el problema no eran sólo los contenidos, sino el hecho de crear una materia que aporte adoctrinamiento a los alumnos sin consentimiento de sus padres. Porque va a ser muy difícil que ciertos contenidos no sean introducidos por los pedagogos de izquierda dentro de los principios constitucionales (pienso en cierta visión de la libertad sexual, el aborto como logro de la lucha de las mujeres, el matrimonio homosexual como igualdad entre sexos, la defensa del socialismo de Estado o Estado del Bienestar, etc.). Lo mejor hubiera sido el cumplir el programa del PP y retirar la materia sin más y darle las horas a la Lengua o las Matemáticas, verdaderas carencias de nuestros alumnos.

Ha hecho un llamamiento a abandonar la cultura del acomodo y la mediocridad, cosa que suena muy bien, pero que habrá que inculcar desde abajo y eso no se hace a golpe de decreto-ley. Cierto es que el estatuto del profesor puede ser un buen comienzo, la evaluación externa de los alumnos y centros es desde luego imprescindible para que exista eso que los progres odian tanto: competencia que haga que todos tengamos que mejorar para producir más y mejor. La autonomía de los centros escolares deberá permitir a estos la mejora continua, pero mucho me temo que se va a encontrar con la oposición de una escuela pública muy trufada de pedagogismo y muy poco de pedagogía. La exigencia a los profesores para que cada día estén más preparados debe ser permanente, pero eso implica el enfrentamiento con una parte de ese profesorado (el más ideologizado) que está más preocupado del cambio social que del éxito de sus alumnos. Desde luego el reto es apasionante e interesante.

El ámbito de la Universidad sí que lo veo complicado. El ministro ha desgranado unos datos absolutamente demoledores: 79 Universidades, 236 campus universitarios, un ratio de alumnos por profesor por debajo de la media y el ¡93%! de las plazas de profesor son ocupadas por los que ya las ocupaban (los concursos-oposición con nombre y apellidos son la norma en España) antes de salir a concurso de méritos. El porcentaje de doctores universitarios que trabajan en la empresa es del 15% mientras que en Europa es el 40%, lo que indica dos cosas: la poca importancia que se da en la cultura empresarial al conocimiento y el nulo interés de los doctores españoles por nada que no sea entrar en el mundo universitario. Es un reto porque la Universidad española tiene un exceso de corporativismo muy mal entendido que ha llevado a grandes investigadores a irse de España porque aquí si no eres de la 'familia' no se te abre ni una puerta. Además, aquí cada alcalde ha querido tener 'su' Universidad y así tenemos un montón de facultades y campus con un nivel bastante subterráneo. Así es comprensible que el sueño de todo doctor (por vaya a saber usted qué universidad) sea ser profesor en alguna de las múltiples universidades del estado español. Si lo consigue es para felicitarle. ¡Ánimo señor Wert!

Lo que creo imposible es eso de garantizar que todo español podrá estudiar en español... ¡si tiene que comenzar por convencer a los del PP! Y luego estar dispuesto a llevarse mal con alguien (léase CiU) y a hacer uso de la Alta Inspección Educativa... Si logra lo anterior de las Universidades es para felicitarle, pero si logra esto ya será para hacerle un altarcito.