Sé que hay muchos que creen que el Estado debe regular nuestras vidas, nuestras haciendas y nuestro vivir entero. Se cree que de esta manera se evitan abusos. Pero no es menos cierto que muchas veces nos dejamos jirones de nuestra libertad en manos del Estado
benefactor. Y una de ellas es la libertad de comercio. Si uno quiere abrir un comercio, todo serán trabas, problemas, complicaciones, papeles que rellenar, burocaracias que pueden llegar hasta más de dos años de papeleos. Así se te quitan ganas de abrir un negocio. A eso tienes que sumarle que no puedes abrir cuando quieras, porque los horarios no los decide el dueño del negocio, sino la Administración. Supongamos que yo abro un negocio de ultramarinos en una ciudad-dormitorio, ¿qué horario me conviene para ganar más dinero? Pues desde luego, desde la hora en la que empiezan a volver del trabajo y hasta la hora de acostarse, más el tiempo que más pasen allí, los fines de semana y festivos. Es cuando mis potenciales consumidores podrán acudir en mayor medida a mi local, cuando vuelven a casa y encuentran que les faltan esos pequeños caprichos a la hora de la cena, o esos detalles que hacen la mesa del fin de semana mucho más agradable. Quizá podré mantener mayores márgenes, porque todo será mejor que coger el coche y volver a la ciudad a buscar esos productos y además, les presto el servicio ahí mismo, al lado de casa. Con el tiempo me surgirán competidores que harán que demos ambos mejores servicios y a mejor precio, con lo que la actividad económica de ese lugar será mayor. Pero... la Administración local y autonómica y estatal (¿será por administraciones?) no me permite abrir a esas horas, por lo que si quiero abrir allí un negocio debo hacerlo a las horas en las que no hay nadie... ¿conclusión? No abro el negocio, no contrato a nadie y paralizo una nueva actividad económica. Es simple.
Pero la progresía patria no lo ve así. Será el fin del pequeño comercio, dicen. ¿La razón? La empresa familiar no podrá abrir a esas horas, bajara la calidad de vida de esos trabajadores. A ver, veamos: que se pueda abrir todos los festivos o a la hora que se desee, no significa que sea obligatorio abrir a esas horas y los festivos, quiere decir que el que quiera que lo haga y el que no, que no lo haga. Además, si abriendo a esas horas, porque creo que es donde más negocio encontraré, hago crecer mi negocio, contrataré a personas que hoy están en el paro, quizá sin un subsidio, a que ganen su sueldo honradamente. ¿Por qué no se puede hacer?
Pero es que Esperanza Aguirre irá más allá y hará una cosa que hace tiempo propugnábamos hace tiempo: reducir los tiempos en la concesión de licencias administrativas para abrir negocios.
Se dará una licencia temporal de dos años mientras el emprendedor tramita todos los permisos. De esta forma en poco tiempo tendrá su negocio funcionando, evitando gastos innecesarios (mientras no se abre, se sigue pagando alquiler, sueldos en su caso, etc. y sin ingresos que lo compensen) y creando actividad económica de forma inmediata.
Desde luego, es un soplo de aire fresco dentro de tanto burocratismo absurdo. Enhorabuena a Madrid por ello!