El argumentario que nos darán (y seguro que alguno lo escribirá en este blog) se basará en el sufrimiento del toro, en la salvajada (sic) que supone el que se mate a un animal de esa manera con una lanza y una espada. Quizá eso no lo han pensado los que han hecho esta ley en Cataluña que han dejado fuera de la prohibición los toros embolados tan típicos del levante español (¿todavía se puede usar esta palabra?). Los más puristas defensores de los animales nos hablarán de que ellos también están en contra de esa fiesta y de tantas otras salvajes que pueblan España. Pero esa no es la cuestión. El toro de lidia no existe en ningún país que no tenga tradición taurina. Es el único hervíboro que ataca al hombre (la vaca es un animal estúpido, por ejemplo). Es una raza preparada genéticamente para la lidia. No tiene otro sentido y si no se emplea para esto, desaparecerá, porque ningún ganadero empleará un coste tan alto para mantener una raza con una carne muy dura, peligroso animal para tratar con él. Las dehesas en las que hoy vive el toro y que se mantienen incólumes para que pueda crecer a sus anchas y criarse lo más salvaje posible y ser un animal preparado para la lidia no tendrán sentido y serán abandonadas.
Los antitaurinos no se dan cuenta de que el toro tiene un tratamiento noble en la plaza. El resto de animales criados por el hombre muere en un matadero, el toro tiene una muerte noble, luchando pos su vida. Se pone en juego el animal más fiero que puebla la geografía española (en una lucha entre el toro y el tigre, el toro lleva la ventaja como recordaba esta mañana Amando de Miguel) con la inteligencia del ser humano armado con un capote y una espada y sin armadura. Vence siempre el hombre, de acuerdo, lo que muestra que puede más la inteligencia de un hombre que la fuerza de un morlaco de más de 400 kilos. Pero hay ocasiones en las que el toro puede con el hombre. El torero, ante un animal especialmente bravo, puede indultarlo con permiso de la autoridad de la plaza. Es un combate noble, entre el animal más noble y el hombre que a él se enfrenta. Cualquier torero lo dice, nadie ama más al toro que el propio torero que habrá de matarlo. Es el destino del toro de lidia, pero no matarlo de cualquier manera, se merece tener su gloria. De hecho eso significan los aplausos y trofeos que se lleva el torero: es un premio al matador y al toro, porque de un toro manso y romo no se merece el trofeo aunque el torero haga lo que pueda. Sólo los grandes toros hacen grandes toreros. Esa es su nobleza.
Pero ¿qué les importa esto a quienes nada entienden y no quieren entender? Si el problema no son los toros, discutimos sobre eso, pero no es ese el problema. El problema real es que es la fiesta nacional, que Cataluña ha sido siempre una región en esto muy española y los nacionalistas no pueden tolerarlo. El problema es que el nacionalismo, siempre, es incompatible con la libertad. Porque pone por delante del individuo al pueblo. Lo decía Chesterton: Los nuevos revolucionarios no confían en que el hombre corriente pueda gobernar su casa. Ellos se dicen: 'Miren a todos esos hombres estúpidos que habitan en casas vulgares y barrios ordinarios. Piensen en lo mal que educan a sus hijos, piensen en lo mal que tratan al perro y en cómo hieren los sentimientos del loro'. ¿Os suena o no está forma de actuar?



